Intro Design


En aquella clase de pretecnología de octavo curso de EGB y durante la visita de los hermanos salesianos de Brasil, mientras realizábamos una portada de revista, sólo les llamó la atención la mia, les gustó mucho y me gané un sobresaliente. Un acetato con el título y las imágenes en forma de collage que un niño puede encontrar en publicaciones semanales. Era la portada de una revista algo macabra, como de novela de misterio. Se me daba bien, por qué negarlo. Te voy a contar mi idea de lo que es un «diseñador gráfico». Un diseñador gráfico se interesa por el mundo que le rodea y tiene las antenas en modo «on». Es una esponja que viaja y lee revistas, prensa y libros como el que más, se fija en la escalera mecánica de un aeropuerto, en su estructura, en la señalética, anota cosas que le llaman la atención en un cuaderno y que usará después… Visita museos y asiste a conferencias, congresos… porque siempre le parece que sabe poco. Y luego por tanto sabe estar al día, digamos, «in». Aprovecha la ola y se sube sin importarle nada más que su idea de lo que quiere plasmar, el resultado final.

Un diseñador gráfico no coge el diseño, las pruebas de un logotipo de nadie y hace como que lo recrea más y lo redibuja (patronato municipal de deportes de Almería), sino que parte de cero y se olvida de lo que le dieron como «bocetos» a desarrollar. Un diseñador gráfico no pierde el tiempo pirateando programas, para eso existe el lápiz de toda la vida duro o blando. Es un buen relaciones públicas, no un marginado que sólo usa el corel pirateado y de mala manera, abusando de la comic sans o la brush script.


Cumplidos los veinte años a mis espaldas trabajando en el sector de las Artes Gráficas, para Alphagraphics España S. A., Prats & Alemán, y para impresión digital de Almería S. L., sumados a los años que pasé estudiando Bellas Artes en la facultad de Valencia sobre tipografía, composición, colorimetría, dibujo técnico… es mi mejor tarjeta de presentación.

El intrusismo en el sector de las agencias de publicidad, del diseño, acuciado ahora con la crisis en el resto de profesiones, ha hecho mucho daño. Ha habido por tanto una gran pérdida de calidad en los contenidos, en las campañas. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, por supuesto. Prefiero llamarme comunicador visual. No me gusta perder el tiempo tampoco con minucias, porque me involucro demasiado. El trato directo con el cliente es fundamental.

Recuerdo que alguien contactó conmigo por correo electrónico y quiso que le hiciera un logotipo, un manual de identidad corporativa para una asociación, como el que encarga cuatro kilos de tomates… Por supuesto, le dije que no. Se necesita mucha información, más datos y muchas reuniones de puesta en común, ver necesidades reales, un «cara a cara»… hay muchos parámetros a tener en cuenta. Logotipos, cartelería, imagen corporativa en general, páginas web... Ver galería de trabajos.

Logotipo para Mármoles Cristóbal Flores, de nueva creación.