MUNCH:
AMOR, ANGUSTIA, MUERTE.
Munch
nació en Löten, Noruega, en 1863, era hijo de un médico militar
y en su familia había una gran tradición de artistas e intelectuales.
Pero no fue este pasado ilustre lo que marcó su vida sino la muerte.
Cuando apenas tenía cinco años falleció su madre. Esto llevó a que
su padre, un hombre profundamente religioso, tuviera crisis místicas.
A los pocos años falleció su hermana más querida, su otra hermana
cayó en depresiones profundas (llamadas entonces "melancolía") y
sólo su hermano varón llegó a edad adulta, pero a los pocos días
de casarse también falleció. Munch sentía cómo la muerte dominaba
toda su vida.
A
los diecisiete años decidió que quería ser pintor y partió hacia Cristiania,
la capital de Noruega. Estudió en la Escuela Real de Dibujo y se convirtió
en discípulo de Christian Krogh, el más importante pintor naturalista
noruego quien descubrió enseguida las cualidades artísticas de su
alumno.
En 1885 partió en viaje de estudios a París donde descubrió a los
impresionistas que revolucionaban el arte francés. Munch se dio cuenta
que el naturalismo ya no tenía sentido y que debía pintar no lo que
veía sino lo que sentía. Volvió a Noruega con estas ideas y
se puso a trabajar en una obra que reflejara sus nuevas ideas en el
arte.
El resultado fue una obra maestra: "Niña
enferma", una obra desgarradora donde a partir de trazos gruesos
y colores contrastantes conseguía transmitir el dolor por su hermana
muerta. La crítica recibió despectivamente a esta obra que parecía
despreciar los principios básicos del arte naturalista. Debido a esa
respuesta, Munch pintó algunas telas más tradicionales.
En
1889 su vida iba a cambiar rotundamente al conocer a Hans Jæger, el
líder artístico y político de los anarquistas noruegos. Jæger había
soportado la cárcel debido a sus principios políticos y también sexuales
ya que fue uno de los impulsores del amor libre en Noruega. Munch
se fascinó con este grupo anarquista y compartía su ideología rebelde.
Ese mismo año viajó nuevamente a París en el que comenzaba la etapa
post-impresionista marcada también por un profundo desprecio por el
naturalismo.
Munch admiraba especialmente las obras de Gauguin y de Van Gogh, cuyas
sensibilidades las sentía afines a la suya.
Fue en París donde redactó su manifiesto artístico: "No pintaremos
más interiores con hombres que leen y mujeres que tejen. Queremos
pintar seres vivos, que respiran, sienten, sufren y aman. La gente
se va a dar cuenta de que es algo casi sagrado y se va a quitar el
sombrero como si estuviese en una iglesia".
También
fue en París donde se enteró de la muerte del único ser de su familia
que le quedaba: su padre. Una vez más Munch cayó en la depresión marcada
por la sensación de estar solo en el mundo. Igualmente siguió trabajando
en sus pinturas que aún mantenían una gran influencia de los impresionistas
franceses.
Hacia 1891, Munch decidió ir hacia una búsqueda todavía más arriesgada
y personal. En esa década de los 90 iba a crear sus cuadros más logrados
y célebres "El grito" cuyos primeros bosquejos son de 1891, aunque
su versión más famosa es de 1893. Munch acostumbraba a crear obras
inacabadas o variaciones de técnica o realización sobre aquellas imágenes
que pintaba. De "El grito" existen alrededor de cincuenta versiones.
Con
su nuevo estilo en el que tenía como tarea "estudiar el alma, lo que
equivale a decir, estudiarme a mí mismo", Munch avanzó sobre sus obsesiones:
multitudes paseándose como espectros ("Tarde
en la calle Karl Johan"), el sufrimiento ante el amor contrariado
("Melancolía"),
el sexo de burdel ("Rose
y Amélie"), la mujer seductora y sensual ("Manos").
Con
este bagaje de obras llegaría Munch en 1893 a Berlín para una muestra
individual en una prestigiosa galería. Alemania se había mostrado
hasta entonces inmune a los efectos del impresionismo francés. Tal
vez fue esa falta de costumbre ante obras vanguardistas lo que desencadenó
un verdadero escándalo ante la gran cantidad de críticas en contra
que recibió la muestra de Munch. El público y los pintores de más
edad interpretan el arte de Munch como una provocación anarquista
y, en protesta, se clausura la exposición.
El
rechazo de los primeros años se convirtió de manera casi automática
en admiración. Munch pasó a ser un artista respetado y seguido, aunque
Noruega tardó algunos años más en reconocer la obra de su hijo pródigo.
Pero
el creciente éxito como artista no iba acompañado con una vida de
felicidad. Sus relaciones con las mujeres siempre fueron siempre conflictivas.
Al igual que los anarquistas que frecuentaba, Munch estaba a favor
del amor libre pero en la práctica le costaba superar los celos (tema
recurrente en sus cuadros) y los rechazos.
Durante mucho tiempo estuvo enamorado de Dagny Juel, una amiga de
su infancia que se incorporó al grupo de bohemios de Cristiania. Su
desenfado hizo que el grupo de amigos se terminara disolviendo, la
mayoría se peleó por ella y sólo uno se convirtió en su pareja estable,
un poeta admirador de Munch. Pero también ella, su amor loco de juventud,
murió joven.
En 1898, Munch tenía una relación tormentosa con otra chica; actos
de amor y de desamor se sucedían entre los dos. Un día, llegaron unos
amigos comunes para avisarle a Munch que su amada había muerto. Se
dirigió a la casa de la chica y la encontró en su lecho de muerte.
Pero grande fue su sorpresa cuando le tomó las manos y su amada "resucitó".
Había sido una puesta en escena para atraer a Munch. Descubierta la
trampa, Munch discutió fuertemente con algunos de los participantes
en ese delirio y terminó con una herida de bala en el brazo izquierdo.
Desde entonces, Munch prefirió la soledad.
El
artista se refugió en el alcohol y los fantasmas de muerte y dolor
se multiplicaron. En 1908 tuvo que internarse en un instituto psiquiátrico
en Copenhague durante varios meses donde fue sometido a descargas
eléctricas para curarlo. Cuando salió de la clínica decidió volver
a Noruega. Estaba mucho más tranquilo y pero los autorretratos de
esa época lo muestran abatido. Su pintura había perdido parte de ese
trazo nervioso que lo había identificado. Igualmente, no perdió su
genio tal como lo testimonian los murales del aula magna de la Universidad
de Oslo y en las pinturas de los paisajes noruegos.
Munch
acumulaba las telas en su casa de Oslo porque no le gustaba venderlas
ya que consideraba que la obra tomaba su real sentido en el conjunto
y no individualmente. Por eso, reproducía por distintos medios sus
pinturas, en xilografía y en litografía, entre otros procedimientos
en los que se destacó.
"Enfermedad, locura y muerte fueron los ángeles negros que velaron
mi cuna al nacer" escribió una vez. Munch murió a los 81 años, en
una Oslo invadida por los nazis. Murió en soledad, rodeado por cientos
de sus cuadros.
Munch
comentando sus obras: El Friso de la Vida.